Theme Layout

[Leftsidebar]

Boxed or Wide or Framed

[Wide]

Theme Translation

Display Featured Slider

Featured Slider Styles

[Fullwidth]

Display Trending Posts

Display Instagram Footer

Dark or Light Style

LA PATÉTICA ÉTICA


 





LA PATÉTICA ÉTICA


No más de cuatro peligrosos soñadores, algún artista e intelectual trasnochado y mucha gente sencilla y humilde, que al fin y al cabo, contamos poco, somos quienes nos empeñamos inútilmente, en intentar sostener, cosas tan arcaicas y en fase de derribo, como: la ética, la verdad, la razón o la vergüenza.

Todo el credo aprendido durante siglos de humanismo, basado en los imprescindibles principios que nos han venido enseñando, de generación en generación, nuestros antepasados, para andar y honrar a la vida con el mayor decoro posible, están siendo pasto de la hoguera de unos tiempos incomprensibles y caóticos.

Hasta hace poco, al mentiroso se le rechazaba y rehuía, incluyendo algún familiar cercano, por el que se sentía una vergonzosa desazón. Ahora, se empuja, a poquitos, a la sociedad, para no solo aceptar al fullero y al mal nacido sin rubor, sino que se nos jalea para ensalzarlo. Somos partícipes, la inmensa mayoría, pasivos, de una alucinante fase a cuyo final no se le ve el fin. Donde a un peligroso delincuente paranoico, le llueven los votos, hasta sentarlo, en el lugar donde más daño puede hacer: en la presidencia de la primera potencia del mundo. 

A otro nivel, pero más cerquita de todos nosotros, vemos cómo se aplaude, justifica y hasta se disculpa, a un tipo tan radicalmente indigno e indignante como el presidente valenciano, deudor de por vida, de muchas  tragedias humanas  y en buena parte, evitables. 

Parece que no nos pesan las imágenes de los muertos, de la barbarie con la que estados y gobiernos, bajo el paraguas de alguna de las dos superpotencias militares, mutilan y asesinan a miles y miles de seres humanos. Para estos tipejos no existe la pena del Telediario, o sencillamente, estamos encalleciendo nuestra capacidad de horrorizarnos.

Pero el sistema del odio y de la impunidad, no solo afecta a guerras y bombardeos. Como una alargada sombra, esta trágica esquizofrenia va calando en la sociedad, sobre todo entre los más jóvenes, y eso nos depara casos tan repugnantes como el abuso de cuatro compañeros de instituto a un joven impedido en una silla de ruedas y con parálisis cerebral. 

¿Qué tiene que pasarnos para que por fin reaccionemos?

Porque el problema no es lo que está ocurriendo ahora. La locura de estos tipos poderosos, soberbios y claramente autoritarios, no es otro que la falta de límites y escrúpulos, mientras captan adeptos y seguidores en las barriadas y caladeros de la ignorancia.

No sé a qué esperamos, la mayoría de los ciudadanos de esta aldea gala en la que se está convirtiendo Europa, para, además de reivindicar los valores democráticos, inundar en una gigantesca marea común, más allá de fronteras y banderas, y plantar cara a la paranoia que nos asola, que queremos seguir siendo libres y vivir en paz.

Ya no hay orden geopolítico mundial, ni ONU, ni tribuna, y menos aún, tribunal que sea capaz de frenar el genocidio que está sufriendo la ética y la verdad.

Lo creamos o no, derrotar a esta maldita metástasis, solo depende de cada uno de nosotros.

De nuestra voluntad.



Muy de tu rollo

No hay comentarios

Publicar un comentario

Síguenos en @haspanius